The Hotel Colon

El mejor hotel de la Península

El mejor hotel de la Península lo hallé en el más inesperado de los parajes, y aún no acabo de volver de mi sorpresa de que establecimiento tan palaciego sea tan poco conocido. El hotel Colón es una de las curiosidades, y á la vez una de las instituciones, de Huelva. En tamaño, en disposición, en mobiliario y, sobre todo, en cocina, es el mejor con que he tropezado en España, ó, por mejor decir, al sur de París. Los Rothschild, la Rio Tinto Company, los dos ferrocarriles locales —el de Sevilla á Huelva y el de Zafra á Huelva— todos concurrieron á su fundación; conque si ellos no podían producir un hotel modelo, ¿de quién había de esperarse? Hállase situado en las afueras de la población, bien arriba en la bahía, y cerca de lo que con el tiempo ha de ser el principal frente marítimo. Cuatro bloques distintos encierran un patio cuadrangular de uno ó dos acres de extensión. El bloque de fachada está dividido en departamentos, de los cuales hay catorce: gabinete, alcoba y cuarto de baño cada uno. Hállanse decorados en estilos diversos, sin que haya dos iguales, mas todos de gusto encantador. Gran parte del mobiliario fué expresamente diseñado para las habitaciones por distinguidos fabricantes franceses y alemanes. Los aposentos regios del Hotel Bristol y demás caravasares para testas coronadas parecen cosa de Tottenham Court Road al lado de éstos. Tanto había oído ponderar el difunto rey Alfonso la hermosura de los mismos, y tal era por lo demás su afición á Huelva, que en su última enfermedad quiso trasladarse al Hotel Colón. Razones políticas obligaron á elegir otro punto; mas Huelva espera que su hijo, en no lejano día, cumpla aquel deseo no realizado.

Los aposentos de gala abren sobre el jardín de la parte posterior, por un gran vestíbulo enlosado de mármol. Este jardín, primorosamente trazado en bosquetes, macizos de flores, fuentes y paseos sombreados, va cerrado á uno y otro lado por un bloque que contiene las alcobas sencillas, y al fondo se hallan todas las salas públicas, admirablemente dispuestas en un solo edificio. El comedor es un salón magnífico, que puede servir asimismo de salón de baile, y en tales ocasiones caben en él cerca de mil personas. El techo está decorado con dibujos de artistas sevillanos, y las chimeneas son de porcelana, hechas todas expresamente en la Real Fábrica de Porcelana de Meissen. Un ancho corredor da vuelta al salón, y en él se hallan el gabinete de lectura, la sala de billar, las de juego, etc. Frente á todo este bloque se extiende una terraza de losa lisa, donde los huéspedes pueden tomar el café de sobremesa, contemplar la inconstante luna y escuchar los ruiseñores. ¿Gústate el cuadro? Paréceme que sí te agradaría, si lo vieses.

(Extracto de Spain of Today, por W. R. Lawson, 1890.)