Á las ocho de la mañana del día 7 del actual murió en Huelva don Guillermo Sundheim, alemán de nacimiento, español de corazón, persona ilustre en la industria nacional, escritor distinguidísimo y correcto en nuestra lengua, y hombre, en suma, dotado de tan raras y excepcionales condiciones de talento, bondad, rectitud y diligencia, que no habrá, seguramente, ninguno que le exceda y será escaso el número de los que le igualen.
Á nosotros nos ha producido la muerte de este gran patriota español —así debemos considerarlo por las hermosas obras con que su iniciativa honró á nuestro país— impresión muy profunda, amargura muy grande, duelo muy sincero. Ignorábamos su enfermedad cuando recibimos la noticia de su fallecimiento, la cual nos sorprendió escribiéndole, precisamente sobre los varios empeños que en estos últimos tiempos perseguía para el fomento de las industrias onubenses. Queríamosle nosotros mucho; vivíamos á él unidos por la admiración que nos causaba el ejemplar equilibrio de tantas aptitudes sobresalientes y de tantas prendas de modestia y de sencillez que atesoraba aquel espíritu para el trabajo como para la caridad fecundo é incansable. Amámosle con cariño filial, y su pérdida es para nosotros realmente muy amarga, inmensa é irreparable, como la de un padre bondadosísimo cuya existencia deja en los suyos huella indeleble del amor que supo inspirar.
Porque, aparte consejos y deferencias, Sundheim fué uno de los primeros protectores de esta Revista, uno de sus mantenedores más decididos, uno de sus escritores más brillantes, uno de sus propagandistas más calurosos. Don Guillermo —así le llamábamos todos sus amigos— redactó páginas muy abundantes, cuando no números enteros de este periódico; minería, agricultura, comercio, industria, política, artes, cuestiones internacionales, juicios sobre nuestros gobernantes, crítica de discursos parlamentarios… en todas estas materias aquel fecundísimo obrero intelectual dió asombrosa muestra de entendimiento, de cultura extraordinaria, de fina y siempre cortés ironía, y, sobre todo, de maravilloso estudio de la lengua hispana, que escribía con elegancia, lisura y perfección. No lo pregonamos ahora nosotros: los mismos trabajos de Sundheim en la Revista «España» lo declaran, su propia firma aquí lo publica, y cuando no ella, la inicial G repetida, que había adoptado para autorizar escritos suyos.
Fué, además, activo colaborador de muchos periódicos españoles, franceses y alemanes. En España dieron á conocer su talento LA PROVINCIA, de Huelva, «La Época», «La Monarquía», «El Día» y otras publicaciones; en Francia, «Le Temps», especialmente, y en Inglaterra, «Standard» y «Times». Tiene, pues, Sundheim en la prensa española, en la prensa europea, una personalidad íntima nuestra, para nosotros la más importante y saliente, porque la utilizó, sin descanso, en honor y provecho de nuestra pátria: realidad no muy común, por no decir grandemente excepcional, pues padecemos más los olvidos y los agravios de los extraños avecindados en tierra española, que no su favor ó justicia.
Ya han mencionado los periódicos diarios algunas de las empresas industriales creadas por iniciativa de Sundheim ó con su eficacísimo apoyo. Es inolvidable la fundación que con el ilustre Enrique Doestch instituyó de la C.ª Minera de Río-Tinto, es inolvidable también la construcción de la línea de Sevilla á Huelva, y ha de consignarse asimismo con alabanza para su memoria la no menos importante obra ferroviaria de Zafra-Huelva, llevada á cabo con su apoyo y personal trabajo. No sabemos si el Estado ha agradecido, recordado no más, estas bienhechoras y civilizadoras tareas de engrandecimiento español industrial: creemos que han pasado sin una mención honorífica, sin un homenaje de gratitud… Huelva ya lo ha rendido á su hijo adoptivo en la hora suprema de la muerte, pues la manifestación de duelo de la culta y hermosa población andaluza ha sido grandiosa; pero, lo repetimos, no sabemos que en tiempo alguno haya el Estado advertido á la opinión que los empeños generosos y las realidades á la patria provechosas que imaginó y estatuyó Sundheim han merecido, para apellido á los españoles tan grato, una recompensa.
Era nuestro amigo un minero infatigable, poseedor de explotaciones en la provincia de Huelva; era comerciante laboriosísimo, fundador con Deestch de la casa de banca que llevaba como razón social los nombres de esos dos alemanes que con tanto ahinco trabajaron por el progreso industrial de España; y era ahora, en estos mismos días de su inesperada muerte, el fundador y presidente de la sociedad «La Atlántica», cuya gestión en primer término llevaba, dirigiéndola con acierto notorio y sobrellevando con fortuna, no exenta de amarguras personales, las dificultades que suelen padecer en España las empresas incipientes en sus relaciones con la Administración.
Todo esto y mucho más que esto era Sundheim, y no pagará Huelva, ni aun consagrándole en sitio público una estatua —idea que podrían acoger el Ayuntamiento de la capital, la Diputación de la provincia y la prensa local— los innumerables beneficios que le proporcionó con la creación de industrias, con la apertura de caminos de hierro, con el establecimiento de centros mercantiles, con empresas de pesca y con aquel memorable centenario de Colón, llevado á cabo por su esfuerzo, por su constancia, por su voluntad de hierro, por el ascendiente que tenía en el ánimo de los gobernantes de la época, contra todas las campañas que para arrebatar á Huelva la celebración de las fiestas y el honor de recibir á la familia real hicieron desesperadamente y en vano algunas ciudades, algunos Ayuntamientos y algunos periódicos.
No son una biografía estas líneas. Las escribo yendo de camino, con el apremio del tiempo, sin tener á mano la correspondencia de este gran iniciador de empresas hispanas y careciendo el espíritu de aquel reposo que ha menester para enlazar ordenadamente los sucesos de una vida tan activa, laboriosa y ejemplar. Es muy copiosa en hechos hermosos la biografía de Sundheim. Habrá de ser, cuando se escriba, larga historia para espejo de hombres de buena voluntad en pro de España. No hago ahora sino recordar su vida, llorar su muerte, alabar su memoria, acrecer mi respeto al grande hombre y dar con estas palabras muestra la Revista «España» de nuestra amargura y del cariño que le tuvimos.
¡Descanse en paz! Tenga imitadores su bondad, tenga sucesores su talento, tengan continuadores sus empeños, sean muchas las almas grandes, inmensas, rectas y generosas como la suya, que trabajen por Huelva y por España, por la riqueza, por los obreros, por las industrias nacionales, y aquella región y nuestra patria serán dignas de la admiración de todos, suprema aspiración que guió la vida de Sundheim en los cuarenta años que permaneció en nuestra tierra española.
Esta Revista envía á los hijos de D. Guillermo Sundheim el testimonio de su pésame. Ya ellos saben nuestro desconsuelo.
LUIS SOLER.
[La Provincia (Huelva), Año XXVIII, Núm. 6.966 — Martes 18 de agosto de 1903]
