El que habiendo abandonado á Huelva hace poco mas de año y medio, regresase hoy á ella sin tener idea de las obras ejecutadas para la recepción y embarque de los minerales de Riotinto, se quedaría seguramente asombrado al ver cómo en tan poco tiempo han sufrido una trasformacion prodigiosa sitios casi desiertos y abandonados. Desde la terminación de la calle del Monasterio, siguiendo la línea de la carretera de Sevilla, hasta el rio por una parte, y hasta los huertos de San Cristóbal por otra, estendíase una vasta marisma cortada por esteros, cubierta periódicamente por las aguas en las altas mareas y totalmente improductiva, convertida hoy en una gran esplanada, para cuya construcción fué necesario emplear mas de 300,000 metros cúbicos de tierra arrancada de los cerros inmediatos, cruzada de vías férreas, cubierta de material móvil y de construcción, salpicada acá y allá de edificios destinados á cocheras, talleres, etcétera, y terminando en el rio con un muelle de hierro de colosales proporciones, cuya terminación aun se hará esperar algunos meses. Al otro lado de la carretera van desapareciendo los huertos y se ven muchas casas de reciente construcción, otras que se están construyendo, y muchos solares dispuestos para edificar, pudiendo asegurarse que no pasará mucho tiempo sin que Huelva tenga aquí un nuevo barrio tan populoso como elegante por su moderna construcción.
Verificada el dia 19 de este mes la recepción oficial de la línea férrea de Riotinto á Huelva, dispuso la compañía constructora celebrar una inauguración preliminar,—puesto que la gran solemnidad se verificará cuando se hallen terminadas las dos obras mas importantes de la línea: el túnel de la mina y el muelle de la estación de Huelva, que por su magnitud no han podido ser concluidas al mismo tiempo que el resto del camino.—Al efecto, el dia 24, á las cinco de la mañana, se reunieron en la esplanada antes descrita las personas invitadas á este acto; varias señoras, funcionarios públicos, empleados de las compañías constructora y concesionaria, etcétera; el tren estaba dispuesto; la máquina vistosamente engalanada con banderas y guirnaldas; llamaba la atención el coche destinado á las señoras, tanto por su elegancia, como por su lujo y comodidades. A pesar de la hora, había acudido mucha gente á presenciar la partida del tren, que se verificó á las seis próximamente.
El camino rodea los cabezos de San Cristóbal y corre por la marisma entre el Riotinto y la carretera de Sevilla. La primer obra de fábrica de alguna importancia que se encuentra, es un puente sobre un estero en el kilómetro 4 cerca del Rincón; dicho puente se compone de dos tramos de hierro de cerca de seis metros de luz, sobre pilas y estribos de hierro formadas por pilotes de rosca. Pasa el ferro-carril la ribera de Anicoba, inmediato á la carretera, sobre otro puente, de doce tramos de hierro de igual luz que los del anterior y en la misma forma. A poca distancia de este se encuentra la estación llamada la Alquería, que es la mas inmediata á Huelva, y se halla muy cerca de San Juan. El camino pasa tocando las casas de este pueblo, y el estero ó canal que le sirve de puerto y donde la compañía ha construido para el servicio de la línea un cómodo muelle en rampa que permite atracar á toda clase de barcos lo mismo á alta que á baja marea. Mucha gente acudió á presenciar el paso del tren, que se detuvo aquí algunos breves instantes, continuando después su marcha hácia la histórica Niebla. Las obras mas importantes que tiene el camino en este trayecto son: el puente de Candon, de fábrica, de 36 metros de longitud, con tres arcos rebajados de 10 metros de luz, y otros; y el que cruza el Riotinto al pié de las ruinosas murallas de Niebla, oblícuo, de 110 metros de longitud, formado por cuatro tramos de hierro de 20 metros de luz, apoyados sobre pila y estribos de fábrica. La estación de Niebla está situada al lado allá del rio; aquí el tren fué recibido con entusiasmo aclamaciones, músicas, arcos de follaje, la estación engalanada con flores y ramajes, cercada por una palizada construida con palas, picos, azadas, carretas de mano y follaje, escudos alegóricos á la solemnidad etc., etc. Aquí el tren se detuvo cerca de una hora. En la estación se elevaba una tienda con mucho gusto dispuesta, donde las señoras tomaron chocolate y dulces. El decorado de dicha estación, tan elegante dispuesto, parece que fué obra del Sr. Pring, ingeniero constructor de este trozo de camino.
Partió el tren de Niebla á las ocho próximamente. El lector nos dispensará que no hagamos una descripción del camino ni de los accidentes del viaje, kilómetro por kilómetro, pues esto nos obligaría á estendernos mas de lo que permiten las columnas de nuestro periódico.
Despues de pasar de Niebla el ferro-carril se interna en la sierra, siguiendo constantemente el cauce de Riotinto, que corre oprimido entre inaccesibles montañas de pizarra; el paisaje es agreste, solitario y triste; el horizonte limitado por grandes cerros cubiertos de escasas jaras; es raro ver alguna vereda que indique el paso del hombre por aquellos sitios; un rebaño de cabras y algunas águilas, que se posaban sobre las crestas de los montes, es lo único que prestaba alguna animación á aquel cuadro. Contribuyen á aumentar la originalidad del paisaje las aguas del Riotinto, de un rojo oscuro, y que en algunos puntos aparecen á la vista completamente negras. Para establecer el camino en aquellos parajes, rara vez hollados por planta humana, ha sido preciso hacer desmontes en rocas, algunos de ellos verdaderamente colosales, levantar con frecuencia grandes muros de contención sobre el rio, abrir cinco túneles y establecer numerosos puentes.
El camino recorre una estension de 83 kilómetros; tiene 243 obras de fábrica, cuya clasificación es la siguiente: 164 tageas, 54 alcantarillas, 11 pontones y 14 puentes. Se halla preparado para hacer veinte trenes diarios que pueden trasportar mas de 2,000 toneladas de mineral, á cuyo efecto, se han establecido 10 estaciones y material móvil necesario.
Llegó el tren inaugural á las minas á las doce próximamente, y fué recibido con aclamaciones por mas de 4,000 personas que esperaban su llegada.
A la una empezó el almuerzo, al cual asistieron unas 150 personas; fué servido por D. Domingo Felipes, dueño del restaurant inglés, bajo cuya dirección se habían adornado artísticamente tres mesas colocadas en otros tantos salones, cuyas paredes ostentaban trofeos y pabellones formados con banderas españolas, inglesas, alemanas, etc. Los brindis fueron numerosos y entusiastas, siéndonos imposible citarlos detalladamente: baste decir que brindaron D. Marcos Carr, director general de la compañía de Riotinto; D. Guillermo Galkey, ingeniero jefe de la constructora; D. Teodoro Blum, director facultativo de las minas; D. Guillermo Ridley, ingeniero jefe del ferro-carril; D. Manuel Graham, ingeniero inspector de distrito; D. Guillermo Roediger, ingeniero jefe del quinto distrito; D. Tomás Roberts, ingeniero jefe del túnel de las minas; D. Tomás Down, ingeniero consultor en Inglaterra de la compañía de Thársis, residente actualmente en esta; D. Justo Rodríguez de Alba, representante de dicha compañía; D. Cecilio Edge, tenedor de libros de la compañía Riotinto; D. Blas Tello, vice-presidente de la comisión provincial; D. Guillermo Sundheim; D. Rafael Clemente, ingeniero jefe de obras públicas de la provincia, etc., etc. Se brindó por la prosperidad del país, de la provincia, de las compañías allí representadas, por los que iniciaron, impulsaron y ejecutaron la obra que se inauguraba, por los iniciadores de la esplotacion de piritas de cobre de la provincia, por la prosperidad de la industria y del comercio, por la unión de las naciones allí representadas, por sus gobiernos respectivos, etc., etc.
Además de los señores citados, asistieron á esta solemnidad los siguientes (téngase presente que los nombres, lo mismo que los hechos, los citamos por el órden que viene á nuestra memoria, y sin tratar de darles preeminencias de lugar ni de órden á los unos ni á los otros): D. Federico Pring, D. Arturo Truman, don Jorge Norton, D. Federico Mayboll, ingenieros jefes respectivamente de los distritos primero, segundo, tercero y cuarto; D. Nicolás Pérez Vázquez y D. Ricardo Hunt, pagadores de la constructora; D. Diego Howard, encargado del almacén; D. Manuel Vilaplana y D. Manuel Ruiz, ayudantes; D. Tomás Gibson, ingeniero inspector del muelle; D. Guillermo Langdon, ingeniero jefe de talleres, el cual dirigió la máquina del tren inaugural; don Arturo Guilomarde, ingeniero ayudante; D. Neil Kennedy, ingeniero de las minas; D. Gumersindo Carbonell, D. Luis Rossignoli y D. Manuel Rodríguez Pinilla, empleados administrativos; D. Tomás Thorne, ingeniero constructor del muelle en Huelva; D. Jorge Double, maestro en el muelle; D. José María Parejo, representante en Huelva de la compañía de Riotinto; D. Miguel Deisse, empleado en las minas; D. Jesús Alonso, médico en las mismas; D. Ramón Sanabria de Rodríguez, administrador económico de la provincia; Sr. Mayo, secretario del gobierno civil; D. Jacinto de Mendoza, comandante de la Guardia civil; D. Héctor Sthaud; D. Eduardo Diaz, cónsul inglés en Huelva; D. Horacio Bel y Román, director del Instituto provincial; D. José Salcedo, secretario del mismo; D. Florentino Zavala, ingeniero jefe de minas de la provincia; los Sres. Aspiroz y Margarit, ingenieros de minas de id.; el Sr. Beas, ingeniero de montes de id.; los Sres. D. Pedro Deisse, D. Federico Lorent, D. Otto Layman, D. Juan Gudeville, D. Adolfo Rey, D. Javier Roth, empleados de la casa Sundheim y Doetsch; D. N. Cowan, de la compañía de Thársis; don José María de León, secretario de la Diputación provincial; D. José García Cabañas, director de LA PROVINCIA; el señor jefe de aduanas; D. Pedro Pérez Ponce, abogado consultor de la compañía; D. Felipe Vázquez; los señores alcalde, secretario y cura párroco de Riotinto; el pastor evangélico, y otros varios cuyos nombres no recordamos.
A las cuatro de la tarde salió el tren de Riotinto para Huelva, á donde llegó á las diez de la noche; el viaje, tanto de ida como de vuelta, se hizo sin el menor accidente desagradable. Las obras, según opinión de personas competentes, están construidas con solidez y esmero, y el material de la vía, tanto móvil como fijo, es de escelentes condiciones y hasta de lujo. La esplotacion de las minas en grande escala no se hará esperar.
Concluiremos esta reseña haciendo votos por la prosperidad de una empresa, que tanto contribuye y ha de contribuir aun al desarrollo de la riqueza pública en Huelva y su provincia, y felicitando á sus iniciadores y á los que, con su perseverancia y energía, han sabido llevarla á feliz término.
La Provincia, de Huelva.
[Fuente: La Época de Madrid, 31 de julio de 1875]
